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Posts con el tag ‘Anécdotas e historias molonas’

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CONVERSACIÓN REAL GRABADA DE LA FRECUENCIA DE EMERGENCIA MARITIMA CANAL 106, EN LA COSTA DE FINISTERRA ENTRE GALLEGOS Y NORTEAMERICANOS EL 16 DE OCTUBRE DE 1997

Gallegos: (ruido de fondo)…
-Les habla A-853, por favor, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisionarnos… Se aproximan directo hacia nosotros, distancia 25 millas náuticas.

… Ruido de fondo.

Americanos:
-Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisión.

Gallegos:
-Negativo. Repetimos, son ustedes los que deben desviar su rumbo quince grados sur para evitar colisión.

Otra voz americana:
-Al habla el capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insisto, desvíen ustedes su rumbo quince grados norte para evitar colisión.

Gallegos:
-No lo consideramos factible ni conveniente, les sugerimos que desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisionarnos.

Americano (muy cabreado):
-Les habla Richard James Howard, al mando del portaviones USS Lincoln, de la marina de los EE.UU, el segundo navío de guerra más grande de la flota norteamericana. Nos escoltan dos acorazados, seis destructores, cinco fragatas, cuatro submarinos y numerosas embarcaciones de apoyo. Nos dirigimos al golfo Pérsico para preparar maniobras militares ante una eventual ofensiva de Irak. No les sugiero… Les ordeno que desvíen su rumbo quince grados norte!!! En caso contrario nos veremos obligados a tomar las medidas necesarias para garantizar la seguridad del buque y de la fuerza de esta coalición. Uds pertenecen a un país miembro de la OTAN, así que obedezcan inmediatamente y quítense de nuestro camino !!!

Gallegos:
-Les habla Xosé Manuel Otero Rivas. Somos dos personas. Nos escoltan nuestro perro y un canario que ahora está durmiendo. Tenemos el apoyo de la Cadena Dial de Coruña y el canal 106 de emergencia marítima. No nos dirigimos a ningún lado ya que les hablamos desde tierra firme. Nos hallamos en el faro A-853 de Fisterra, costa de Galicia. No tenemos ni puta idea en qué puesto estamos en el ranking de los faros españoles. Pueden tomar las medidas que consideren oportunas y les dé la puta gana para garantizar la seguridad de su buque de mierda que se va a hacer hostias contra las rocas, por lo que volvemos a insistir y le sugerimos que lo mejor, y más sano es que desvíen su rumbo quince grados sur para evitar la colisión! Cambio.

Americanos:
-Bien, recibido, gracias.

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Hace algún tiempo recibí una llamada de un colega que me pidió si podría arbitrar en la calificación de una pregunta de examen. Iba dar un cero a un estudiante por su respuesta a una pregunta de física, mientras que el estudiante afirmaba que debería recibir la máxima nota y así se haría si el sistema no se hubiera organizado en contra de los estudiantes: El profesor y el estudiante acordaron acudir a un árbitro imparcial, y me eligieron a mi.Acudí al despacho de mi colega y leí la pregunta del examen: “Demuestra como se puede determinar la altura de un edificio alto con la ayuda de un barómetro”El estudiante había contestado: ” Lleva un barómetro a lo alto del edificio, átale una cuerda larga, haz que el barómetro baje hasta la calle. Mide la longitud de cuerda necesaria. La longitud de la cuerda es la altura del edificio”

Hice notar que el estudiante realmente tenía derecho a una buena nota ya que había contestado a la pregunta correctamente. Por otra parte, si se le asignaba una buena nota contribuiría a que recibiese una buena calificación en su curso de física. Se supone que una buena calificación certifica competencia en física, pero la respuesta dada no se correspondía con esto. Sugerí entonces que se le diera al estudiante otra oportunidad para contestar a la pregunta. No me sorprendió que mi colega estuviese de acuerdo, sin embargo si lo hizo el que el alumno también lo estuviera.

Le di al estudiante seis minutos para responder a la pregunta con la advertencia de que la respuesta debía mostrar su conocimiento de la física. Al cabo de cinco minutos, no había escrito nada. Le pregunte si se daba por vencido, pero me contesto que no. Tenía muchas respuestas al problema ; estaba buscando la mejor. Al minuto siguiente escribió corriendo su respuesta que decía lo siguiente:

“Lleva el barómetro a lo alto del edificio y asómate sobre el borde del tejado. Deja caer el barómetro, midiendo el tiempo de caída con un cronómetro. Luego usando la fórmula S=1/2 at2, calcula la altura del edificio.

En este momento le pregunte a mi colega si se daba por vencido. Estuvo de acuerdo y le dio al estudiante la máxima nota.

Al salir del despacho de mi colega recordé que el estudiante había dicho que tenía otras muchas respuestas al problema, así que le pregunte cuales eran. “Oh, si, ” dijo el estudiante. “Hay muchas maneras de determinar la altura de un edificio alto con un barómetro. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro, la longitud de su sombra, y la longitud de la sombra del edificio; luego usando una simple proporción, determinas la altura del edificio.”

“Excelente, ” le respondí. “¿Y las otras?”

“Si, ” dijo el estudiante. “Hay un método muy simple que le gustará. En este método se toma el barómetro y se comienza a subir las escaleras. A medida que se van subiendo las escaleras, se marca la longitud del barómetro a lo largo de la pared. Luego se cuenta el número de marcas y esto dará la altura del edificio en unidades barómetro. Un método muy directo.”

“Desde luego, si quiere un método más sofisticado, puede atar el barómetro al final de una cuerda, balancearlo como un péndulo; con él determina el valor de ‘g’ a nivel del suelo y en la parte superior del edificio. De la diferencia entre los dos valores de ‘g’ se puede calcular la altura del edificio.”

Finalmente, concluyó, “hay muchas otras formas de resolver el problema. Probablemente la mejor,” dijo, ” es llamar en la portería. Cuando abra el portero, le dices lo siguiente: “Sr. portero, aquí tengo un barómetro excelente. Se lo daré, si me dice la altura de este edificio.”

En este momento le pregunté al estudiante si conocía la respuesta convencional a la pregunta. Reconoció que si, dijo que estaba harto de que los profesores del instituto y de la facultad trataran de enseñarle como tenía que pensar, usando el “método científico,” y a explorar la lógica profunda de la materia de una manera pedante, como se hace a menudo en matemáticas, en lugar de enseñarle la estructura de la materia.

Esta anécdota se atribuye a Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

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Albert Einstein(1879-1955), Premio Nóbel de Física en 1921, gozó de una rapidez mental propia de un genial humorista.

 

Un periodista le preguntó a Einstein”¿Me puede Ud. explicar la Ley de la Relatividad?” y Einstein le contestó “¿Me puede Ud. explicar cómo se fríe un huevo?”. El periodista lo miró extrañado y le contesta “Pues, sí, sí que puedo”, a lo cual Einstein replicó
“Bueno, pues hágalo, pero imaginando que yo no se lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego”.

 

Durante el nazismo Einstein, a causa de ser judío, debió de soportar una guerra en su contra urdida con el fin de desprestigiar sus investigaciones. Uno de estos intentos se dio cuando se compilaron las opiniones de 100 científicos que contradecían las de Einstein, editadas en un libro llamado “Cien autores en contra de Einstein”. A esto Einstein respondió:
“¿Por qué cien?. Si estuviese errado haría falta solo uno”.

 

En una conferencia que Einstein dio en el Colegio de Francia, elescritor francés Paul Valery le preguntó: “Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿La anota en un cuaderno o en una hoja suelta?” A lo que Einstein respondió:
“Cuando tengo una idea original no se me olvida*”.

 

Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadouni­dense. Al final de su vida, un periodista le preguntó qué posibles repercusiones habían tenido sobre su fama estos cambios. Ein­stein respondió:
“Si mis teorías hubieran resultado falsas, los esta­dounidenses dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío”.

 

En 1919, Einstein fue invitado por el inglés lord Haldane a compartir una velada con diferentes personalidades. Entre éstas había un aristócrata muy interesado en los trabajos del físico. Tras una larga conversación, elinglés explicó a Einstein que había perdido recientemente a su mayordomo y que aún no había encon­trado un sustituto. “La raya del pantalón la he tenido que hacer yo mismo, y el planchado me ha costado casi dos horas”. A lo que Einstein comentó:
“Me lo va a decir a mi. ¿Ve usted estas arrugas de mi pantalón? Pues he tardado casi cinco años en conseguirlas.”

 

En una reunión social Marilyn Monroe se cruzó con Albert Einstein, ella le sugirió lo siguiente: “Qué dice profesor, debería­mos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebe con mi belleza y su inteligencia?”. Einstein muy seriamente le respondió:
“Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.

 

Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Ein­stein le dijo a Chaplin: “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira”. A lo que Chaplin respondió:
“Lo suyo es mucho más digno de res­peto: todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende”.

 

Y por último uno de los chistes favoritos que Einstein relatara en reuniones con políticos y científicos. Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su Teoría de la Relatividad, era con frecuencia so­licitado por las universidades para dar conferencias Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómo­do para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer. Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.
“Si quiere -le dijo el chofer- lo puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra.
Einstein estuvo de acuerdo y antes de llegar al siguiente lugar, in­tercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ningunode los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió la farsa: El chofer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cuál podía ser la respuesta, sin embargotuvo una chispa de inspiración y le contestó:
“La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chófer, que se encuentra al final de la sala, se la responda”. 

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Todos hemos escuchado hasta el cansancio la famosa frase que dijo Neil Armstrong cuando posó el primer pie en la superficie de la Luna. Es tal vez una de las frases más conocidas y más publicitadas (aunque algunos dudan que el tal Armstrong haya ido realmente a la Luna, pero esa es otra historia).

Bueno, resulta que cuando Armstrong dijo su famosa frase, continuó comunicándose con la nave, intercambiando otras palabras que no pasarían a la historia, excepto por una frase que fue el quebradero de cabeza para muchos durante décadas: “Buena suerte, señor Gorsky“.

Aquello desató más de una polémica, y cada vez que le preguntaban a Armstrong sobre la frase, él sonreía, pero sin soltar prenda. En algún momento, se pensó que se trataba de un mensaje para algún astronauta de la rival Unión Soviética, pero no había nadie en sus programa espaciales con tal nombre, por lo que la enigmática frase continuó siendo un misterio.

Hace tiempo (en 1995) un reportero sacó a relucir el tema, y Armstrong finalmente respondió ya que, según dijo, el señor Gorsky había muerto y no había por qué continuar con el misterio.

De niño, Armstrong jugaba béisbol un día cuando la pelota se fue a la casa vecina, donde vivían los Gorsky, y cuando estaba recogiendo la pelota, logró escuchar lo siguiente:

– ¡¿Sexo oral?! ¡¿Quieres sexo oral?! ¡Tendrás sexo oral cuando el chico del vecino se pasee por la luna!

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